Mientras que exista la prostitución, no habrá igualdad.

en Feminismos

 

De Beatriz Mogrovejo, concejala del área de Igualdad de Ganar Móstoles.

Puede haber mucho debate al respecto sobre cómo atajar y cómo intervenir en el que siempre se ha dicho que es “el oficio” más antiguo del mundo.

Esta frase, en la que se normaliza el hecho del uso del cuerpo de la mujer para satisfacer los deseos sexuales del hombre, afirmando que esta actividad es un oficio, viene a constatar quela desigualdad en la realidad más antigua del mundo.

El pasado miércoles quisimos abordar este tema, y quisimos hacerlo en la mejor compañía, por eso llamamos a la compañera Beatriz Gimeno, autora del libro “La Prostitución”, que según nos dijo la otra compañera interviniente en el acto, Beatriz Ranea, fue una revelación para ella y que su lectura la inició en centrar su investigación de tesis en la prostitución. También estuvo la compañera Paloma Pérez, compañera del colectivo Móstoles Feminista y la actual directora de Servicios Sociales de Móstoles, Patricia Bezunartea, que alejándose de las tesis y la dialéctica, nos bajó a la realidad local con respecto a este asunto.

Beatriz Gimeno centró su discurso en la necesidad de alejar del debate feminista la vieja confrontación sobre abolición y regulación, y en la necesidad de centrar el debate en el acuerdo común de reconocer la prostitución como un “lobbie” que opera según sus intereses, con normas propias de la industria, tanto, que la industria del sexo es la mayor industria del mundo y llevándonos a pensar en el modo de acabar con ella desde otra perspectiva, donde abolición y regulación no sean cuestiones contrapuestas y donde la evidencia de la realidad que dice que mientras que exista prostitución no podrá haber igualdad, sea la que impere, creando conciencia crítica alrededor de este hecho.

Beatriz Ranea centró su discurso sobre los hombres demandantes de prostitución, sobre la necesidad de una nueva masculinidad, sobre el uso de los hombres de sus privilegios, entre los que está el saber desde que se es adolescente, que uno puede pagar por satisfacer sus deseos sexuales (que  no necesidades). Insistió en la importancia de poner el foco en el proxenetismo, el demandante y el estado y los medios que este ofrece para que ninguna mujer se vea en la situación de ofrecer su cuerpo como medio de vida.


Paloma Pérez intervino, cómo experta en trabajo con mujeres y desde la experiencia laboral con mujeres en situación de cárcel, para hablar de la prostitución dentro de las prisiones, tanto en las de mujeres como en las de hombres. En su espacio de intervención, Paloma denunció los abusos contra las mujeres en prisión y la continuidad del proxenetismo dentro de las prisiones de hombres, a la vez de mantener  la crítica hacia el modelo de prisiones que tenemos, sosteniendo que las cárceles no es un espacio de reinserción, sino un lugar donde cumplir una pena para luego salir a la sociedad de nuevo sin ningún aprendizaje, donde el maltratador sigue siendo maltratador y el proxeneta sigue siendo teniendo como medio de vida el proxenetismo, que ni siquiera dentro de la cárcel ha abandonado.

Por último Patricia Bezunartea devolvió a los asistentes la realidad de nuestra ciudad y el margen de maniobra de los Servicios Sociales para atajar este asunto. En Móstoles existen 12 puntos de prostitución, 6 de ellos clubs, 2 zonas de calle y 4 pisos. El número de mujeres localizadas son de 50, sin embargo se sabe que hay más pero no herramientas para localizarlas y poder atenderlas. Importante señalar que las mujeres son de diferentes nacionalidades, Rumanía, Bulgaria, Rusia, Colombia, Paraguay, Marruecos y también España. La incapacidad de nuestros medios para poder hacer una atención óptima y efectiva, es evidente, empezando por que muchas de estas mujeres si quiera tienen los papeles en regla y por tanto siquiera tienen derecho a un acceso de renta activa o servicios básico como la atención sanitaria en centros de salud primaria.

Después de varias intervenciones de las personas asistentes, el acto se cerró leyendo un poema que invita a los compañeros hombres a desprenderse de sus privilegios innatos para darse cuenta y hacerse cargo de la urgente necesidad de crear y llegar a ser una sociedad de iguales, donde nadie use a nadie, donde nadie esté por encima de nadie, dónde el sexo de cada uno sea una cuestión física, pero no una cuestión de estatus social.